Un huerto es mucho más que un terreno o unas macetas donde producir tu propios alimentos. Un huerto familiar es un proyecto de ilusión, diversión, compromiso, paciencia, observación y amor.

Y, justamente, todo esto es lo que queremos transmitirle a nuestro hijo. Queremos que crezca respetando y amando la naturaleza y todo lo que ésta nos ofrece.

DIVERSIÓN

No hay nada más divertido para un niño que experimentar, manipular y jugar con la tierra y con el agua. ¿Cuántas oportunidades tienen nuestros hijos de hacerlo?

Mis mejores recuerdos de la infancia son precisamente en los que volvía a casa sucia de pies a cabeza y totalmente enmascarada.

CONECTAR

Conectar con la tierra, de donde crecen los vegetales de los que nos alimentamos; donde se aferran las raíces de los árboles que nos regalan sus frutos; donde se cimientan las casas donde vivimos; la tierra que pisamos mientras elegimos nuestro camino.

Nuestros hijos también proyectan raíces mientras se divierten enterrando su manos y conectando con la tierra, con el mundo, con la familia y con la vida.

 

OBSERVAR

Las prisas del día a día, el trabajo, los horarios, las actividades extraescolares, las miles de tareas y objetivos de la semana. ¿Cuándo paramos a observar?

Se trata de cambiar el ritmo, relajarnos y sentir la importancia del tiempo, las estaciones del año y el mundo como un ciclo.

Entender el ciclo de la vida: nacer, cuando germina la semilla; crecer, cuando crece la planta; reproducirse, cuando nos da los frutos; morir, cuando la planta se seca.

PACIENCIA

¿Y la paciencia dónde está?

Nuestros hijos, al igual que nosotros, consideramos la inmediatez un requisito obligatorio: queremos calentar leche, usamos el microondas; necesitamos ver a alguien, hacemos una videollamada; nos apetece una ensalada… tenemos que esperar 10 semanas a que crezca la lechuga.

La naturaleza no entiende de exigencias, mantiene sus tiempos y sus ciclos y para obtener la recompensa (¡la lechuga!) nuestros hijos van a aprender a ser pacientes sin saltarse ningún paso.

 

RESPONSABILIDAD

Para poder conseguir comer la ensalada, vamos a tener que mimar mucho a la Señora Lechuga. La vamos a sembrar, trasplantar, regar periódicamente, abonar, quitar las malas hierbas, protegerla de los pajaritos o plagas. Nuestro huerto va a depender de todos y será una manera dinámica de que nuestros hijos asuman responsabilidades.

 

RESPETO, CUIDADO, AMOR

El gran bienestar que sentimos cuando la tierra nos regala sus frutos, después del cariño y dedicación, merece reciprocidad.  Así que, es hora de darle las gracias y cuidarla. ¿Cómo?

  • Evitando el desperdicio de agua
  • Reciclando y reutilizando envases
  • Eligiendo materiales biodegradables
  • No tirando basura al suelo
  • Reduciendo el consumo de electricidad

 

¿Se te ocurre algo más?